miércoles, 28 de mayo de 2025

¿El fin del trabajo escrito tradicional? Cómo adaptarnos a la era de la inteligencia artificial en el aula.

 ¿El fin del trabajo escrito tradicional?

Cómo adaptarnos a la era de la inteligencia artificial en el aula.

Por: Luis Ángel González Ortega

En los últimos meses, hemos leído varios artículos sobre cómo detectores de IA marcan como artificial un texto 100% escrito por humanos. Incluso hemos leído que el Quijote salía escrito con un 30% de IA. Yo he hecho la prueba: un ensayo redactado íntegramente por mí fue señalado también como 30% IA por una herramienta supuestamente confiable. Y esto te lleva a un par de reflexiones como docente:

1ª ¿Podemos seguir confiando en estas herramientas para decidir si un alumno ha hecho o no su trabajo?

La respuesta es clara: no . No son fiables y por tanto, nunca deben ser utilizados como prueba definitiva. Lo preocupante no es solo su margen de error, sino las consecuencias pedagógicas de mantener un modelo basado en la desconfianza y en la obsesión por detectar trampas, y por supuesto las consecuencias con los alumnos que hayan realizado sus trabajos personalmente.

2ª ¿Es necesario un cambio en nuestra práctica docente en el sentido de variar el tipo de actividades a trabajar por nuestros alumnos?

Evidentemente si , por eso, en lugar de plantear trabajos extensos para casa (ensayos, TFGs, TFM, etc.), que pueden ser generados por una IA en minutos, tenemos que explorar otras vías: trabajos breves, realizados en clase, con apoyo docente y que combinan el pensamiento crítico con el uso controlado de fuentes, incluida la inteligencia artificial.

Por ello, aquí planteo 10 tipos de actividades alternativas que podemos trabajar y en la que la participación directa e implicación de los alumnos está totalmente evidenciada:

10 actividades alternativas al trabajo escrito tradicional.

  1. Minidebates documentados en clase:  Los alumnos preparan en 10 minutos una posición a favor o en contra de un tema actual con ayuda de fuentes seleccionadas previamente (tradicionales o digitales). Luego debatieron en parejas o grupos pequeños.
  2. Diario de aprendizaje (formato breve):  Tras una unidad o actividad, cada alumno redacta en clase un texto corto (10-15 líneas) reflexionando sobre lo aprendido, sus dudas y cómo lo aplicaría a una situación real.
  3. Juego de roles histórico o literario:  Los alumnos encarnan personajes de un texto o período histórico, investigan sobre ellos y hacen una breve representación en clase, escrita y preparada durante el horario lectivo.
  4. Microensayo en parejas con feedback cruzado:  Durante una clase, los alumnos escriben un breve ensayo (máx. 200 palabras) por parejas y luego intercambian con otra pareja para mejorar su claridad, argumentación y referencias.
  5. “Explícalo como si…” (metacognitiva):  Pide a los alumnos explicar un concepto de actividad complejo niño como si se lo contarán a un pequeño, a un político oa un extraterrestre. Les obliga a entender a fondo y reformular con creatividad.
  6. Análisis crítico de un texto con preguntas guía:  Entrega un texto (artículo, fragmento literario, resultado de IA…) y plantea una batería de preguntas críticas. Se trabaja en clase en grupos, y el resultado se expone oralmente o por escrito.
  7. Reescritura IA con justificación:  Entrega un texto generado por IA y pide a los alumnos que lo reescriben con su estilo personal, justificando los cambios que hacen (mejora de ideas, estilo, coherencia…).
  8. Mapa conceptual + fuente explicativa:  Durante la clase, crean un mapa conceptual de un tema, y ​​luego cada alumno elige una fuente confiable (libro, web, IA) que le haya servido y explica por qué la usó y cómo la valoró.
  9. Portafolio rápido de procesos:  En lugar de un producto final, recoja pequeños productos hechos en clase (resúmenes, mapas, esquemas, frases clave) y que el alumno explica brevemente su evolución y dificultades.
  10. Podcast breve grabado en clase:  En grupos, preparan y graban una cápsula de audio (2-4 minutos) sobre un tema trabajado en clase. Puede incluir entrevistas, preguntas o reflexiones personales.

Decálogo para docentes.

  1. Diseña para hacer en clase : Prioriza actividades realizables en el aula, para asegurar autoría y dar apoyo directo durante el proceso.
  2. Reduce el producto, amplía el proceso : En lugar de largos trabajos, apuesta por evidencias cortas de aprendizaje que reflejan comprensión, análisis y creatividad.
  3. Valora el pensamiento, no el formato : Evalúa la calidad del pensamiento, la justificación de ideas y la originalidad antes que la extensión o presentación formal.
  4. Incluye investigación guiada : Permite el uso de IA o internet, pero siempre dentro de un proceso guiado y reflexionado, no como única fuente.
  5. Fomenta la autoría reflexiva : Pide a los alumnos que expliquen qué han hecho, por qué, y cómo lo mejorarían. Eso garantiza autenticidad.
  6. Diseña tareas abiertas, no replicables : Evita consignas cerradas y repetitivas; plantea retos o preguntas que exijan posicionamiento personal.
  7. Integra distintas formas de expresión : Textos breves, mapas, audios, debates o imágenes pueden ser iguales de válidos que un ensayo.
  8. Evalúa también el uso de herramientas : Si se permite usar IA o fuentes digitales, evalúa cómo se han usado: selección, filtrado, reformulación...
  9. Haz seguimiento del proceso : Fragmenta tareas largas en entregas cortas y supervisadas. La evaluación por etapas disuade el uso fraudulento de IA.
  10. Reformula el “trabajo final” : Sustituye el trabajo clásico extenso por actividades que demuestren aprendizaje situado, en acción y significativo.

La IA ha llegado para quedarse, eso es la realidad, algunos ya dicen que es la siguiente revolución. La que toca ahora es repensar nuestra manera de enseñar, de evaluar y de acompañar el aprendizaje. Y esto, entre todos, tenemos que hacer que sea una oportunidad para mejorar la educación.



miércoles, 21 de mayo de 2025

Preguntar para pensar: del aula... al prompt

 

Potenciar el pensamiento... preguntando

Luis Ángel González Ortega

¿Y si en el aula lo más importante no fuera tener respuestas, sino aprender a hacer buenas preguntas?

En un momento en el que herramientas como ChatGPT, Copilot o Gemini empiezan a formar parte del día a día en muchas aulas, enseñar a preguntar bien ya no es solo útil, es fundamental. No hablamos solo de tecnología, sino de pensamiento. Porque saber hacer preguntas claras, abiertas y significativas es una competencia que mejora el aprendizaje, con o sin inteligencia artificial.

Preguntar como forma de aprender

Desde siempre, la pedagogía ha considerado las preguntas como una de las herramientas más potentes que tenemos los docentes. No es casual que técnicas como el método socrático o el aprendizaje basado en problemas (ABP) se basen en eso: en ayudar al alumnado a descubrir por sí mismo, guiado por las preguntas adecuadas.

Pero no se trata solo de metodología. La psicología educativa nos muestra que hacer preguntas —y hacerse preguntas— activa el pensamiento crítico, la reflexión y la capacidad de autorregular el propio aprendizaje. Preguntar "¿cómo has llegado a esa conclusión?" es a menudo más valioso que corregir la respuesta final.

Y desde la neuroeducación, lo sabemos: aprender implica emoción, atención, memoria... y todo eso se activa mejor cuando lo que se nos pregunta nos importa. Cuando la pregunta conecta con algo que conocemos, sentimos o nos inquieta, el cerebro responde mejor.

Del aula... al prompt

Y a lo que vamos… hoy en día, saber preguntar también significa saber conversar con una IA. Herramientas como ChatGPT no responden "lo que saben", sino lo que les pedimos según cómo se lo pedimos. Por eso, enseñar a nuestros estudiantes a formular buenas preguntas es prepararlos para interactuar con estos nuevos entornos de aprendizaje, cada vez más presentes y sobre todos es enseñarlos a utilizar las herramientas IA para aprender, no para hacer las tareas

Y esto no es ciencia ficción: está pasando ya.

Cultivar la curiosidad

Enseñar a preguntar no es algo que se logre en un rato. Es un proceso. Pero cuando lo conseguimos —cuando nuestros alumnos dejan de buscar solo “la respuesta correcta” y empiezan a hacerse buenas preguntas— estamos abriendo una puerta al pensamiento profundo, a la autonomía y a un aprendizaje que deja huella.

Por todo esto, he preparado una infografía con 10 claves prácticas para enseñar y aprender a preguntar, tanto en entornos tradicionales como usando inteligencia artificial. Puedes usarla como punto de partida para trabajar en clase o en formación docente.

Un decálogo para aprender a preguntar

¿Tú también crees que la pregunta es una de las herramientas más potentes que tenemos en educación?


Protocolo para el uso ético y conforme a la normativa de Inteligencia Artificial en los Centros Educativos de Castilla y León: directrices y recomendaciones para docentes y centros.

  Protocolo para el uso ético y conforme a la normativa de Inteligencia Artificial en los Centros Educativos de Castilla y León: directrices...